En pleno pulso por el control el poder legislativo en Egipto, la Junta Militar y los Hermanos Musulmanes reafirmaron sus posturas durante las últimas horas, lo que indica que el conflicto puede ir para largo. Este último capítulo de la lucha de poder entre la Hermandad y la Junta Militar se inició cuando los generales disolvieron el Parlamento a mediados de junio tras una sentencia del Constitucional. El pasado domingo, el presidente Morsi revocó esa decisión, y rehabilitó la Cámara Baja, donde su partido goza de una cómoda mayoría.
Después de haber mantenido un largo silencio, anoche la Junta Militar emitió un comunicado público en el que defiende su decisión de disolver el Parlamento, asegurando que se limitó a cumplir la ley. "Desde que asumió sus responsabilidades, la Junta nunca recurrió a medidas excepcionales (...) enfatizando la importancia de la legitimidad de la ley y la Constitución para preservar el estatus del Estado", reza el comunicado, en el que insta a todas las instituciones a respetar el Estado de Derecho.
Los Hermanos Musulmanes, por su parte, convocaron para esta tarde a una manifestación "millonaria" en Tahrir de apoyo al presidente Morsi. El lunes por la noche, docenas de jóvenes militantes islamistas se congregaron ya en la mítica plaza del centro de El Cairo para preparar la logística de la jornada reivindicativa.
Mientras políticos y militares participan en una descarnada lucha de poder, Egipto padece una situación de desgobierno. Desde la caída de Mubarak, en febrero del 2011, diversos ejecutivos débiles han administrado el país. Su interinidad y falta de legitimidad evitaron que acometan las reformas profundas y urgentes que necesita el país, con una economía al borde de la bancarrota. Diez días después de su investidura, Morsi aún no nombra su ejecutivo, y con todas sus energías puestas en el pulso con la Junta Militar, pueden pasar aún días hasta que Egipto conozca el nombre de su nuevo primer ministro.