Desencantados de la casta de políticos tradicionales, furiosos con los sacrificios generados por la crisis y hartos de que Bruselas o Berlín dicten su política económica, los griegos acudieron el domingo a las urnas para votar con el corazón y con las vísceras. Y lo hicieron dinamitando el bipartidismo vigente desde la restauración de la democracia, en 1974: la conservadora Nueva Democracia y el socialista Pasok, los dos grandes partidos, los únicos que defienden la política de austeridad y los rescates, solo lograron poco más del 32% de los votos (frente al 78% de 2009). Con el 99% escrutado ND obtuvo el equivalente a 108 diputados, mientras que el PASOK se adjudicó 41 legisladores. En total, ambos quedarían con 149 escaños, una cifra insuficiente para formar un Gobierno de coalición (151 diputados de 300).
El auge de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), que con el 16,76% (52 diputados) se convierte en el segundo partido más votado, y la entrada en el Parlamento de los neonazis de Aurora Dorada, con el 6,97% de los sufragios (21 escaños), complican el escenario político más fragmentado de la historia y auguran, en el mejor de los casos, una traumática formación de Gobierno; el peor sería la repetición de los comicios, como mínimo dentro de cinco semanas. Tras este cataclismo electoral, a partir de este domingo ya nada será lo que fue, políticamente hablando, en Grecia.
La coalición izquierdista, que logró el 4,6% de los votos en 2009, propone la renegociación del memorándum suscrito entre el Gobierno de Atenas y la troika, y añadirle una cláusula procrecimiento. Los neonazis, que en 2009 solo cosecharon el 0,29% de los sufragios, exigen por su parte la revocación del acuerdo y la condonación total de la deuda. Con una estruendosa campaña xenófoba y antieuropea, Aurora Dorada es una burda paradoja en un país que perdió el 10% de su población —entre bajas de guerra o por el hambre y exilios— durante la ocupación nazi, entre 1941 y 1944.