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Jürgen Habermas: "¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!"

A punto de cumplir 89 años, el filósofo vivo más influyente del mundo está en plena forma.

Jürgen Habermas:

Jürgen Habermas. Foto: Getty Images

El intelectual alemán, Jürgen Habermas, reflexionó con La Tercera sobre la contingencia mundial y rechazó la tesis del "choque de civilizaciones" propuesta por Samuel Huntington para explicar el orden mundial posterior a la guerra fría.

Sin embargo, fue en una entrevista a fondo con el diario El País donde Habermas abordó diversos temas, entre ellos, el impacto de Internet: "Usted se refiere a las controversias agresivas, las burbujas y los bulos de Donald Trump en sus tuits. De este individuo no se puede decir siquiera que esté por debajo del nivel de la cultura política de su país. Trump destruye ese nivel permanentemente".

"Internet, que nos convierte a todos en autores en potencia, no tiene más que un par de décadas de edad. Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales de manera civilizada. Internet ya ha abierto millones de nichos subculturales útiles en los que se intercambia información fiable y opiniones fundadas (...) Se trata, sin duda, de grandes beneficios de la comunicación (...). Lo que me irrita es el hecho de que se trata de la primera revolución de los medios en la historia de la humanidad que sirve ante todo a fines económicos, y no culturales", dijo Habermas.

LA ENTREVISTA COMPLETA EN DIARIO EL PAÍS


El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971. / Gorka Lejarcegi. Diario El País


- En artículos recientes usted ha defendido con pasión la figura del presidente Macron, quien, por cierto, es filósofo como usted. ¿Qué es lo que más le atrae de él? ¿Cree que es bueno que un líder político sea un filósofo?
¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos! No obstante, Macron me inspira respeto porque, en la escena política actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política; que, como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa; que, en las circunstancias casi desesperadas de la contienda electoral, demostró valor personal, y que, hasta ahora, desde su cargo de presidente, hace lo que dijo que iba a hacer. Y en una época de paralizante pérdida de identidad política, he aprendido a apreciar estas cualidades personales en contra de mis convicciones marxistas.

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