Cuatro días después que una comisión independiente concluyera que el doble atentado de Oslo y Utoya en 2011 pudo haberse evitado, renunció el jefe de la policía, Oystein Maeland.
El mando policial, que solo llevaba 14 días en el puesto cuando ocurrieron los ataques en los que Anders Behring Breivik mató a 77 personas, explicó que renuncia por la falta de confianza de la ministra de Justicia, Grete Faremo. “Tener la confianza de la ministra era crucial para seguir en el cargo. Como ella y otros miembros del Parlamento no lo han dejado claro, simplemente no puedo continuar con mi trabajo”, informa The Norway Post.
El demoledor informe, elaborado durante un año por la Comisión 22 de Julio (por la fecha de la matanza), revela gravísimos fallos policiales. Sostiene que el primer ataque se pudo evitar y que el segundo -el de la isla de Utoya, donde Breivik asesinó una a una a 69 personas- se pudo parar antes. La comisión califica de “inaceptable” los 35 minutos que tardaron los agentes en cruzar desde la orilla del lago a la isla y critica muy duramente a dos patrulleros locales que llegaron primero al embarcadero pero no llegaron a cruzar hasta el campamento juvenil y prefirieron esperar a sus compañeros del equipo de élite.
Además, las fuerzas de seguridad no hicieron caso hasta transcurrida una hora a una llamada de un testigo inmediatamente después de la explosión en la capital que describió al asesino, dijo que iba de uniforme, e incluso dio la matrícula del coche en el que huyó. El informe también sugiere que el espionaje interno pudo haber descubierto los planes de Breivik.
El veredicto de Breivik, que confesó los crímenes y los asume -pero no se considera culpable porque los considera parte de una cruzada antiinmigrantes y antimusulmanes-, se conocerá el próximo viernes 24.