Japón sigue dando argumentos a los enemigos de la energía nuclear. Tokio tiene previsto desconectar hoy el reactor 3 de la nuclear de Tomari, el último de los 54 del país, que antes del desastre de Fukushima producían un 30% de la electricidad del país. La oposición de las prefecturas impide de momento poner en marcha las nucleares y la OCDE ya ha advertido a Tokio de que se enfrenta a un grave problema económico (pérdida de competitividad y aumento de las importaciones) y a la amenaza de apagones en verano si no comienza a conectarlos.
Tras el accidente de Fukushima, el 11 de marzo de 2011, que ha dejado miles de desplazados, Japón paró 17 reactores de la costa este del país. Algunos quedaron dañados por el tsunami, otros, como el de Hamaoka, estaban en zona altamente sísmica. Después, y conforme les llegaba el turno de las paradas de recarga de combustible, fueron apagando el resto, sin fecha de reinicio. La patronal nuclear de Japón anunció el mes pasado que el Gobierno ya tenía los resultados de las pruebas de resistencia de 16 reactores pero que aún no había decidido. Desde 1970, cuando el país tenía solo dos reactores, no se encontraba sin energía atómica. Japón era, tras Francia y EE UU, el tercer país más nuclearizado.
Luis Echávarri, director general de la agencia nuclear de la OCDE, detalló la situación: “Tradicionalmente en Japón son los prefectos los que aceptan o no los reactores. Y aunque muchos han superado las pruebas de resistencia, las autoridades locales se niegan a conectar de nuevo las centrales”. Echávarri atribuye la situación a “la pérdida de credibilidad del Gobierno y de la industria nuclear”.
El accidente de Fukushima sacó a la luz la estrecha vinculación entre las eléctricas y el Ejecutivo y la imprevisión en caso de tsunami. Además, había indicios previos. En 2007, un terremoto superó por más del doble las bases de diseño sísmico de la nuclear de Kashiwazaki-Kariwa. Nunca antes había sucedido en el mundo. En 2011, una réplica del gran terremoto excedió las bases de diseño de Onagawa.