El Papa Juan Pablo II se convertirá el próximo domingo 1 de mayo en el décimo Sumo Pontífice beato que proclama la Iglesia Católica de los 265 papas que han gobernado la Iglesia en sus 2011 años de historia. Su beatificación ocurre mientras en el mundo está presente el debate por abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Y uno de ellos fue Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, con quien Karol Wojtyla compartió visiones de la Iglesia.
Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Pero todo su poder era poco ante lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE.UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.
Durante el papado de Wojtyla, la Legión sería la congregación católica de mayor crecimiento. Cuando Wojtyla llegó al Vaticano, contaba con 100 sacerdotes. A su muerte tenía 800 y más de 2.000 seminaristas repartidos en 124 casas por todo el mundo. Universidades en México, Chile, Italia y España; facultades de Teología, Filosofía y Bioética. Y 20.000 empleados en su grupo económico Integer.
Luego que su primer acto de masas -en México- fuese gestionado por Maciel, el Papa le recompensó su lealtad durante casi tres décadas. En los años siguientes, Wojtyla aprobaría las Constituciones de la Legión sin cambiar una coma, ordenaría en el Vaticano a 59 legionarios e invitaría a Maciel a fiscalizar varios sínodos de obispos en Europa y Latinoamérica. Favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma y la implantación de la congregación en Chile. Y llegó a definir a Maciel como "guía eficaz para la juventud".