Después de jurar el cargo ante el pleno del Tribunal Constitucional, Mohamed Morsi se ha convertido oficialmente en el nuevo presidente de Egipto, el quinto de la República, pero el primero elegido democráticamente. La investidura ha sido retransmitida en directo por la televisión pública egipcia, por lo que quedará registrada en la memoria colectiva del país como uno de los momentos más simbólicos del proceso de cambios profundos que puso en marcha la rebelión del pasado invierno.
"Juro por Dios que protegeré de forma sincera el sistema republicano, y respetaré la Constitución y el Estado de derecho", recitó Morsi, de pie, flanqueado por Faruk Sultan, el presidente del Tribunal Constitucional. Tras la jura formal, el flamante presidente egipcio se comprometió con el "renacimiento de una nación fuerte, con su pueblo, su historia, sus instituciones y su corte constitucional". Asimismo, Morsi elogió la "independencia" y la "eficacia" del Tribunal Constitucional, prometió velar por su "libertad" , y respetar sus veredictos.
Tras el acto en la sede de la corte, que se inició con unas dos horas de retraso, Morsi se dirigió a la Universidad de El Cairo, donde realizará un discurso en un auditorio repleto de personalidades, entre ellos, representantes de las instituciones religiosas del país, líderes políticos, y familiares de las víctimas de la Revolución. La llegada del presidente a la Universidad fue recibida con salvas de honor por parte de una unidad del ejército.
A pesar de que aún no están perfilados de forma clara cuáles serán sus competencias, pues permanece abierta la batalla sobre la declaración constitucional suplementaria que recorta notablemente los poderes presidenciales, la investidura de Morsi simboliza un auténtico terremoto en la escena política de Egipto. Y a buen seguro, dada la importancia geostrátegica de Egipto, su onda expansiva se hará sentir en toda la región.
Y es que el nuevo presidente ha sido miembro desde 1985 de los Hermanos Musulmanes, la histórica organización islamista que ha pasado la mayor parte de su historia entre la represión y el ostracismo. La entrada de Morsi al palacio presidencial representa el ascenso de una nueva clase social en Egipto, hasta ahora vetada de los resortes del poder. La gran pregunta que se hacen los egipcios es hasta qué punto la llegada de los islamistas a la cúspide del Estado traerá cambios notables en su vida cotidiana. Probablemente, ello dependerá del pulso que libran la Hermandad y la cúpula del Ejército por ejercer el poder real dentro del país, más allá de su aspecto puramente formal.
Morsi ganó las elecciones presidenciales con un 51,7% de los votos, imponiéndose a Ahmed Shafiq, el favorito del Ejército y de los defensores del antiguo régimen.