En una de las mayores escaladas en el lanzamiento de misiles desde aviones no tripulados desde que el presidente Barack Obama tomara posesión de su cargo, Estados Unidos atacó tres veces en Pakistán en los últimos tres días, y aniquiló al menos 27 personas, a las que consideraba insurgentes. La ofensiva se produjo en el cinturón tribal de Pakistán, en la frontera con Afganistán, una zona que Estados Unidos considera un refugio del movimiento talibán y del grupo terrorista Al Qaeda.
El último ataque se produjo en la villa de Hassu Khel, en Waziristán del Norte, según fuentes del gobierno paquistaní. Un avión no tripulado lanzó dos misiles contra unas viviendas en las que Estados Unidos suponía que se refugiaban insurgentes y mató a entre 15 y 16 personas. Los líderes tribales de esa región consideran que es el ataque más mortal ejecutado allí desde noviembre del año pasado.
Los dos ataques previos se produjeron en la provincia vecina de Waziristán del Sur. El domingo, en un ataque con cuatro misiles en la villa de Mana Raghzai, murieron 10 personas. En la madrugada del viernes al sábado, otro ataque con esos aviones no tripulados se saldó con otras dos muertes. La reciente ofensiva con aviones controlados de forma remota supone una intensificación en el uso de una técnica que fue puesta entre paréntesis de forma intermitente el pasado año, por el enfriamiento entre las relaciones entre Washington e Islamabad a causa de un ataque de la OTAN contra tropas paquistaníes en noviembre.
Ese ataque transfronterizo de la OTAN se saldó con la muerte de 24 soldados de Pakistán, en lo que Estados Unidos considera un error de inteligencia y de comunicación a la cadena de mando. Como represalia, el gobierno en Islamabad cerró entonces las dos únicas rutas de abastecimiento de las fuerzas aliadas a través de carretera, que recorren Pakistán y unen el puerto de Karachi con Kabul y Kandahar.