El camino de Repsol para cobrar los 10.000 millones de dólares con los que el presidente de la compañía, Antonio Brufau, valoró las acciones expropiadas promete ser tortuoso. El viceministro económico argentino, Axel Kicillof, aseguró que el gobierno no pagaría ese precio y que revisará "las cifras sobre el valor verdadero de la compañía". El ministro de planificación y nuevo interventor de YPF, Julio de Vido, señaló: "El costo de la empresa vamos a tener que conversarlo. En primer lugar, vamos a acogernos a lo que plantee la Ley de Expropiaciones del Tribunal de Tasaciones. Pero los señores gobernadores también tienen muchos reclamos por hacer".
De Vido mostró a los senadores unas fotografías enviadas por el gobernador de la provincia de Mendoza con supuestos daños ambientales infligidos por Repsol de los que nunca el gobierno había denunciado nada. "Lo tendrá que pagar, porque el medioambiente, el territorio de los argentinos no se rifa, tiene precio, igual que el precio que estima Brufau que tiene la empresa Repsol. En eso vamos a ser absolutamente inflexibles. Vamos a liquidar provincia por provincia cada uno de los daños ambientales causados por los oleoductos rotos, los tanques rotos". De Vido mencionó "la permanente pérdida de efectividad en la producción. Nos están quitando producción que hoy importamos. Son dólares que se van del país y que no se pueden invertir en hospitales, en líneas eléctricas o en viviendas".
La comparecencia en el senado de los nuevos gestores de YPF se produjo durante una jornada marcada por la exaltación patriótica. Fue un día de euforia más o menos contenida. En la televisión se mencionó a YPF como otra "hermanita perdida", la canción de Atahualpa Yupanqui, que se suele mencionar cuando se habla de las Malvinas. Fue el día de las grandes palabras y de las banderas de Argentina en los periódicos afines. Era el día para "sentirse orgulloso de ser protagonista de este momento de la historia", señaló De Vido.