La hambruna que el año pasado acabó con la vida de más de 50.000 personas en el Cuerno de África fue la primera del siglo XXI, pero podría no ser la última. El encarecimiento de los alimentos en un 6% registrado en julio, de acuerdo con la
agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), abre la puerta a una nueva crisis, puesto que todo apunta a que los precios seguirán subiendo por los daños causados por las sequías.
El dato publicado por la FAO, sin embargo, se mantiene por debajo de los niveles máximos alcanzados en 2011. El índice de precios de los alimentos, que mide los cambios mensuales de una cesta de productos básicos a nivel internacional, se situó en un promedio de 213 puntos en julio, con un avance de 12 puntos frente al mes anterior, aunque lejos del récord de 238 puntos de febrero del año pasado.
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Todavía es temprano para afirmar que nos enfrentamos a la misma crisis de 2008 o 2011", destacó la experta de la FAO, Concepción Calpe, "
pero hay un peligro. Estamos viviendo un año difícil. Ya en 2011 tuvimos malas cosechas en todo el mundo y los países tuvieron que utilizar parte de sus reservas alimentarias".
La experta alertó del peligro que podría derivar de los resultados de la producción agrícola en algunos de los mayores responsables del suministro de alimentos en el mundo. "
En Estados Unidos la cosecha ha sido muy inferior a las expectativas", destacó. "
Podría salvarse la soja, pero ya es demasiado tarde para el maíz". Argentina y Rusia también redujeron su producción de bienes básicos. Las excepciones son muy raras. "
Esperemos que Brasil pueda recuperar algo", añadió Calpe.
Naciones Unidas tiene la mirada puesta en El Niño, un fenómeno climático que causa un calentamiento de las aguas del Pacífico, con efectos muy distintos según las regiones. "
Si prevalece en los próximos meses", explicó la experta, "
habrá más lluvia en América Latina, pero en cambio traerá sequía a algunos países asiáticos, como Indonesia y Filipinas".
Aunque sea temprano para hablar de una nueva emergencia, existen pocas dudas sobre que los precios de los alimentos están destinados a incrementarse. "
No hay más remedio, hay que compensar el desequilibrio entre demanda y oferta", sostuvo Calpe, al recordar que hay menos cereales para abastecer la alimentación humana, animal y la producción energética.
El papel que juegan los mercados financieros en este asunto aún no queda claro. Calpe subrayó que "
hacen que los precios sean mucho más volátiles, pero no podemos decir que sean responsables por los altos niveles alcanzados. Hay que apuntar más bien a las cosechas y a las políticas".